No me quedo embarazada. ¿Que hago?

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Queriendo ser jocosos la respuesta es bastante sencilla. No obstante los mitos que rodean a la fertilidad y esterilidad son infinitos y las versiones de cada una de ellas múltiples. Las creencias populares, técnicas obsoletas y el acceso a la (des)información gracias a este mundo de internet hacen que las parejas hagan cosas tan absurdas que los guionistas de las comedias románticas parezcan aficionados.

Tras varios meses buscando embarazo resulta imposible no buscar fórmulas para obtener algo que a priori parecía fácil. Muchas veces son procedimientos que le funcionaron a un amigo de un amigo, que alguien ha leído en algún articulo de una dudosa revista o que vienen del refranero popular. Generalmente no tienen valor alguno y no van a incrementar las posibilidades de conseguir un embarazo.

Programar las relaciones es devastador para la relación y las relaciones de pareja. “Vámonos de la fiesta que estoy ovulando” es una frase que puede ser graciosa en una serie de televisión pero tener relaciones “sólo” para conseguir un embarazo, convierte las relaciones en una obligación, y el sexo pierde su esencia de mejorar la complicidad de la pareja. Pasa de ser algo positivo y divertido a ser negativo y obligado.

La creencia que el semen pierde calidad si se tienen relaciones a diario, que es mejor cada dos o tres días, o que es preferible “acumular” durante varios días para aumentar la cantidad es falsa. Es cierto que el esperma es peor tras varios días de abstinencia y aumenta el número de espermatozoides muertos (necrozoospermia). También pierde concentración si pasan menos de 24 horas, pero mejora la movilidad.

Por lo tanto, tener pocas relaciones no es bueno por dos motivos: Menos relaciones implica menos posibilidades y además empeora la calidad seminal.

Controlar la ovulación es algo que muchas mujeres o parejas hacen en mayor o menor medida. Algunas tienen en cuenta su última regla y en función de ella calculan el día probable de ovulación, otras realizan test de ovulación durante varios días e incluso hay alguna que se toma la temperatura a diario para ver cuando sube alguna décima y programar las relaciones en función de los resultados.

La inmensa mayoría de embarazos se consiguen sin tener en cuenta el día de la ovulación. Además no hay estudios que demuestren que tener relaciones el día de la ovulación mejore el pronóstico (de hecho hay alguno que demuestra que el día previo a la ovulación puede ser el indicado). Por lo tanto, podemos asegurar que los test de ovulación no son más útiles que el cálculo desde la última regla.

Cambiar la postura o la posición en las relaciones sexuales puede beneficiar a la pareja. El cartero, la araña, la cascada, la cuchara, el escalador… hay tantas como nuestra imaginación (y nuestras articulaciones) nos permita. Considero que puede ser bueno, porque experimentar, conocerse y disfrutar de las relaciones sexuales es algo que debe realizar una pareja habitualmente.

No obstante no hay posturas que beneficien el embarazo; ponerse una almohada debajo del trasero, levantar las piernas o ponerse un “tapón” tras las relaciones no harán que tengamos más posibilidades de embarazo.

Resumiendo, tener relaciones habituales, cuando nos apetezca, sin obligaciones y sin tener que practicar posturas dignas de un funambulista es suficiente para conseguir un embarazo. Si no se consigue nuestro objetivo después de varios meses, probablemente el problema no sea la falta de “puntería” sino que puede haber algo más.

 

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