30 años de lucha contra el SIDA

Hace algo más de 30 años una enfermedad cambio la sociedad y saco lo mejor y lo peor de nosotros. Con el inicio de los 80 dejamos atrás los locos 70, una década donde la libertad personal, social y sexual fueron el buque insignia de una revolución. Quizá esos cambios en la sociedad fueron, no la razón, pero si una causa que facilitó la propagación del VIH.

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Al principio fueron unos pocos casos de enfermedades raras que no tenían relación entre ellas, pero pronto descubrimos que se debía a una déficit en la inmunidad, y esta bajada de defensas era la responsable de la propagación de enfermedades infecciosas o cancerígenas. Antes de que nos diéramos cuenta se propago por todo el mundo.

Los primeros informes relacionaban el SIDA con homosexuales y drogadictos.

  • Por un lado discriminamos a estos pacientes por el miedo al contagio. Desde las personas que se basaban en la religión o en sus creencias y costumbres, hasta las que simplemente temían infectarse hicieron que hombres mujeres y niños fueran excluidos de su entorno laboral, social y familiar simplemente por estar enfermos.
  • Por otro lado las relaciones heterosexuales parecían seguras, extendiendo la enfermedad sin freno. Parecía que el SIDA era una cosa de una minoría, y que estábamos a salvo, si no entrábamos en contacto con los grupos de riesgo.

Pronto nos dimos cuenta que todos estábamos expuestos y no era cosa de unos pocos. La plaga se extendió a los 5 continentes y famosos como Rock Hudson, Anthony Perkins o Freddie Mercury nos enseñaban que la parte trágica de la enfermedad nos podía tocar a cualquiera.

Al mismo tiempo que la enfermedad avanzaba y la sociedad la aceptaba la ciencia y la medicina descubrían el virus, y tratamientos para ella. Hemos conseguido que una enfermedad mortal se haya convertido en crónica en tan sólo un par de décadas. Los antirretrovirales y la probabilidad de conseguir una vacuna en un futuro próximo hacen de esta enfermedad letal en un problema que parece solucionado.

En realidad, no es del todo así. Al bajar la guardia corremos el riesgo de aumentar el número de nuevas infecciones. Y esto es lo que está ocurriendo. Al reducir el miedo al contagio, hemos dejado de utilizar medidas para evitar su difusión, como el preservativo en las relaciones sexuales. Esto ha hecho que la propagación del VIH como de otras enfermedades de transmisión sexual (hepatitis B y C, sífilis, VPH, clamidia…) hayan aumentado los últimos años.

No obstante, definir, comprender y controlar la enfermedad ha conseguido lo que hace no muchos años parecía inconcebible. Recuerdo que a las pacientes VIH(+) se les recomendaba evitar el embarazo porque las posibilidades de infección al feto eran muy altas. Cuando conseguimos evitar que el virus se propagara a la sangre de la paciente mediante la medicación adecuada, teniendo una carga viral negativa en los análisis sanguíneos, evitamos la transmisión de la enfermedad al feto, lo que hoy en día hace que un embarazo en una paciente seropositiva sea similar al de una paciente VIH(-).

La reproducción asistida juega un papel fundamental a la hora de evitar contagios o reinfecciones entre la pareja. Los pacientes correctamente controlados pueden conseguir un embarazo mediante la fecundación in vitro, al igual que lo hacen pacientes con otro tipo de infecciones (hepatitis B y C) o cualquier otra pareja que necesite nuestra ayuda para concebir un niño.

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